El pequeño taxi rojo (Rabat Marruecos)

•Mai 7, 2008 • Kommentar schreiben

Éste ultimo día de nuestro viaje a Maruecos, James y yo solo queríamos ir a buscar el cargador que habiamos olvidado en el Hostal en Rabat.

Paramos un taxi destartalado y controlamos otra vez el reloj redondo en la entrada de la estación de tren. 11.47, nos quedaba una hora.

Entonces subimos al vehiculo cuya pintura roja era cuarteada. Le dijé al taxista la dirección del Hotel.

“Oui Oui” me respondió y aceleró de golpe. Apurada agarré la manija, pensando con nostalgia en la oblicación del cinturón en Alemania que acá, ya por falta de recursos obviamente no existía.

Abdullah se llamaba el taxista. Sus hombros encogidos y su cabello ralo le daban una apariencia maníaca. Con la mirada rigida tenía el volante agarrado como si abrazara un salvavidas. Después de unos minutos nos dimos cuenta de que el taxista no iba al Hotel

“Monsieur“. Me quejé: “vamos a la dirrecíon incorrecta”

“Oui, Oui madmoiselle” respondió sonriendo y siguió conduciendo indiferente. Gesticulando alterados consegimos hacerle frenar para que pudieramos pedir ayuda. Un abuelito con gorra musulman tradució para nosotros del francés al arabe y finalmente Abdullah respondió con un poco más convicción su “Oui, oui”.

James y yo intercambiamos miradas dudosas pero por suerte llegamos al hotel sin más incidentes.

Cuando regresé de la recepción interumpí una conversación animada. Bueno, si se puede considerar lo que estaba pasando como una conversación. Abdullah habló sin cesar en árabe con James, parecía tener la esperanza de que, de seguir por suficiente tempo, James terminaría entendiéndole.

Entoncés, después de unos intentos fallidos anduvo el motor. Eso fue celebrada por Abdullah con un grito de alegría y con un arranque parecido a los de la fórmula 1.

James y yo nos mirabamos aterrorizados, no había duda de que nos encontrábabmos en el coche de un loco.

Inquietada descubrí que el taxi además no tenía espejos de costado y que Abdullah sin preocuparse por eso condujo apurado por las curvas poco claras y las calles estrechas.

A plena marcha otra vez en la dirección errada, emepezó a hablar de su « madame » y buscó una foto de ella en el bolsillo de su chaqueta gastada. Mientras tanto conducía alegre con una sola mano, cambiando continuamente de vía a vía en la carretera grande.

Deseperadamente tratamos de explicarle a donde queriamos ir pero sin exito.

“Le gare, le gare, estación, station Baaaaahnhof!!!”

“A Oui” contestó y señaló con su índice torcido que esperásemos. Entonces saco del parasol manchado una foto de un bebe. Indicó con ojos brillantes, llenos de orgullo paternal primero a sí y después al nino.

“Tienes un hijo hermoso” le afirmamos con una falsa sonrisa antes de que continuásemos con nuestras explicaciónes. Nos sentíamos como en una mala comedia porque solo cuando James imitó a una locomotiva “chucuchuuu chu chuuu” y cuando yo dibujé con mis manos un tren en el aire teminó el viaje en el lugar correcto. EL reloj redondo mostró las 12.35. Quedaban 5 minutos hasta la partida del tren.

Das kleine rote Taxi (Rabat, Marokko)

•Mai 7, 2008 • Kommentar schreiben

- Nur eben zurück zur Herberge fahren und das vergessene Ladegerät holen -, wollten James und ich an jenem letzten Tag unserer Marokkoreise.

Energisch winkten wir ein klappriges Taxi heran und blickten noch mal eben prüfend auf die runde Uhr am Bahnhofseingang. 11.47 Uhr; uns blieb eine knappe Stunde.

So stiegen wir in das rote, stellenweise zerkratze Gefährt und ich teilte dem Fahrer die Adresse des Hotels mit.

„Oui, oui Mademoiselle“ antwortete er, trat das Gaspedal durch, worauf ich hastig nach dem Deckengriff fasste, um Halt zu finden. Sehnsüchtig erinnerte ich mich an die deutsche Gurtpflicht, die hier schon allein auf Grund fehlender Vorrichtungen wohl nicht existierte.

Abdullah hieß unser Taxifahrer, dessen eingefallenen Schultern und lichtes Haar ihm einen gehetzten Ausdruck verliehen. Mit starrem Blick klammerte er sich an das Lenkrad, als wäre es ein Rettungsring und fuhr, wie wir schon nach kurzem feststellten, keineswegs in Richtung unserer Herberge.

„Monsieur“ beschwerte ich mich auf Französisch, „wir fahren in die falsche Richtung“

„Oui, oui Mademoiselle“ antwortete er lächelnd und fuhr unberührt weiter.

Wild gestikulierend brachten wir ihn schließlich zum Anhalten und baten einen älteren Herrn in Gehrock und mit Muezzinkäppchen um Übersetzungshilfe.

Endlich schien Abdullah zu verstehen, denn er drehte sich mit einem stolzen, verstehenden Blick um und meinte mit ein wenig mehr Nachdruck als zuvor: “Oui. oui!“.

Zweifelnd blickten James und ich einander an, doch diesmal schien er, was uns auch der nette Herr bestätigt hatte, wirklich verstanden zu haben wohin es gehen sollte. Und tatsächlich erreichten wir die Herberge, wenn auch mit quietschenden Reifen, ohne weitere Probleme.

Als ich von der Rezeption zurückkam platze ich mitten in ein angeregtes Gespräch zwischen Abdullah und James. Das heißt wenn man das, was sich mir dort bot als Gespräch bezeichnen konnte. Unentwegt redete Abdullah in Arabisch auf James ein, wohl in der Hoffung, wenn er das lange genug betreiben würde, dass er ihn irgendwann einfach verstehen würde.

Dann, nach einigen stotternden Fehlversuchen das Auto zu starten, lief der Motor endlich, was Abdullah mit einem Freudenschrei und einem Formel-Eins-reifen Anfahren zelebrierte.

James und ich wechselten verstehende Blicke, – wir befanden uns definitiv im Auto eines Irren-.

Beunruhigt stellte ich dazu hin noch fest, dass das altersschwache Taxi keine Außenspiegel mehr hatte und Abdullah ungeachtet dessen, ohne jegliche Schulterblicke, durch die engen Straßen und unübersichtlichen Kurven sauste.

Mitten auf der Fahrt, bei der er schon wieder die falsche Richtung eingeschlagen hatte, fing er an von seiner „Madame“ – wie er seine Frau nannte- zu erzählen und kramte aus der Innenseite seines löchrigen Jackets ein Foto der genannten Dame heraus.

Derweil steuerte er einhändig und wechselte munter zwischen den Streifen der mehrspurigen Straße. Scheinbar vergeblich versuchten wir ihm klarzumachen, dass wir zum Bahnhof wollten.

„Le gare, le gare, estación, station, Baaaaahnhof!!!!“.

„Ah oui“, meinte er unbeirrt, signalisierte uns mit seinem krummen Zeigfinger kurz zu warten, zog dann aus der fleckigen Sonnenblende das Bild eines Babys und deutete, mit leuchtenden Augen, voll väterlichen Stolzes, auf sich, das Kind und die Frau.

„Einen wundervollen Sohn hast du“ bestätigten wir ihm mit einem gequälten Lächeln, bevor wir wieder dazu übergingen, ihm zu erklären wohin wir eigentlich wollten.

So langsam kamen wir uns vor wie in einer schlechten Komödie, denn erst als James eine Lokomotive imitierte „Tschtsch… töfftöff…“, und nachdem ich mit den Händen einen Zug in die Luft gemalt hatte –ein belustigtes Glucksen unterdrückend-, endete unsere Irrfahrt doch nach am richtigen Ort.

Die große runde Uhr zeigte 12.35! Uns blieben noch 5 Minuten bis zur Abfahrt unseres Zuges nach Tanger.

Grand Canyon (Arizona USA)

•Mai 7, 2008 • Kommentar schreiben

Cuando te encuentras abajo del cañón, en la horacadura del “Tontotrail“, mirando las escarpadas rocas que se trepan por más de un kilómetro sobre tu cabeza, nace el deseo en ti de elegir el otro camino. Este último te llevaría varios kilómetros por la vasta llanura que se extiende sobre la corriente salvaje del Río Colorado, la cuál ha formado, a través de miles y miles de años, el impresionante paisaje que te rodea. Te gustaría seguir a paso tranquilo la senda que te promete una caminata apacible y pintoresca.

Sin embargo, lo que esta encima de ti habla por sí mismo. Las rocas lisas se incrustan en el cielo frente a ti y pareces hundirte en sus sombras gigantes. Detrás de ellas sale el sol agudo de la mañana deslumbrándote y obligándote de apartar tu vista enseguida.

Con profunda nostalgia miras el canal que fue dejando el cauce del río desde tiempos inmemoriales. Basta con la ensoñación. Hay que seguir el plan y después de un breve descanso empiezas la subida hacia la cumbre.

Primero, el camino va en ondulaciones largas sobre desprendimientos y escombros de las despedazadas piezas del macizo. Después de la ultima curva, buscas con los ojos el camino que parece guiarte directamente a la garganta de la montaña. No hay posiblidad de vislumbrar por donde tienes que seguir en los acantilados desgastados y segmentados. El mapa revela que la parte inminente se llama “Cathedral Stairs“ y empieza exactamente donde el camino y las rocas se encuentran.

Vamos hacia el cielo ! De modo misterioso se esconde una senda serpenteante en las ranuras de la pared bermellón.

Te encuentras sitiado por las rocas.La vista solo puede liberarse hacia el cielo y a través de una fisura en una de las formaciones del Canyon. Pinturas en el techo y vitrós animados por los rayos de sol : ninguna mano humana podría construir una iglesia más digna de Dios. El andar se transforma en meditación, el ser se abstrae del pensar. Has llegado a uno de los momentos más valiosos en que vives el presente.

Para mí la union de la naturaleza y la humanidad iba a terminar en un desafio. Cuanto más avanzaba en el terreno escarpado más dificil se tornaba. Hielo y pedazos de rocas caídos me dificultaron la subida. Mirando hacia la derecha descubrí una pendiente sobria con un precipicio que se clavaba al menos 200 metros en el valle y a la izquierda había paredes amenazantes, a punto de desplomarse. Mi corazón empezó a batir angustiado.

Nuestro camino iba guiarnos sobre esta pendiente estrecha? No había manera de descubrir un camino en la selva de arbustos y piedras. Solo pequeñas torres rocosas, amontonadas por hombres precavidos, indicaron la direccíon.

Agotamiento y miedo eran mis incansables oponentes, pero en forma sorprendente mi cuerpo y mi mente desarrollaron una fuerza hasta entonces desconocida. Esa fuerza fue llevada sin piedad al límite. Con cada metro que recorrí desde la frontera de nieve el manto blanco se volvía más profundo hasta que hundí mis rodillas en el.

La belleza del Canón desaparecía de mi vista, los ojos permanecían fijos en el suelo hasta que una sombra cubrió la nieve y levanté mi mirada. Fue entonces cuando ví un frente de nubes negras acercandose desde la otra orilla del Rio Colorado.

Los nubes colorearon las rocas con una luz azul y se me presentó una imagen sublime y atemorizante al mismo tiempo.

Pensando que desde ahora no solo tenía que luchar contra la montaña, si no también contra el tiempo, me escapé de la atracción oscura del peligro inminente. A partir de este momento eran las circuncustancias, ya no mas la motivación, lo que determinaba nuestra velocidad, paso por paso tratábamos de ganar la carrera contra el viento.

Sin palabras acepté los primeros copos de nieve como precursores de mi derrota. Pero la victoria ya no importaba más, solo alcanzar la linea de meta.

Una señal! Volvía un poco de vida a nustros cuerpos exhaustos y aceleramos el paso para leer el cartel. “Hermits rest“.Por fin vimos pisadas que no eran nuestras. Solo faltaba una última colina. La euforia nos animaba en los minutos finales.

“Esperen, esperen“ gritamos con la esperanza de encontrar turistas en el mirador que nos pudieran llevar al “Grand Canyon Village“ a 12 kilometros de distancia. Nos alegramos de descubrir que una guardia y dos señores, los causantes de las pisadas alentadoras, formaron nuestro comité de bienvenida.

Orgullo, alivio y caras de admiración transformaron ese momento en medio de la tormenta de nieve en uno de los mas felices de mi vida.

La panorámica del Grand Canyon envuelto en una manta de nieve se grabó para siempre en mi memoria.

Antes de irme eché un último vistazo al Canyon susurrándole : “Aprobé tu lección maestro, gracias” y me di vuelta sonriendo.

Grand Canyon (Arizona, USA)

•Mai 7, 2008 • Kommentar schreiben

Zuerst wenn du unten an der Weggabelung des Tontotrails stehst und mit den Augen die ausgefransten Felsen nach dem Pfad absuchst, kommt in dir der Wunsch auf, den anderen Weg zu wählen, den der kilometerweit durch die steppenartige Zwischenebene über dem eingepferchten Colorado River verläuft, – der Pfad, dem du mit gemächlichem Schritte, noch eine Weile folgen könntest.

Das Bild beim Blick nach oben dagegen spricht für sich. Die nackten Felsen und die zu ihren Füßen liegenden Geröllhalden bauen sich vor dir auf und du hast das Gefühl in ihren mächtigen Schatten unterzugehen. Die grelle Morgensonne, die noch hinter ihnen steht, blendet dich mit ihren Strahlen, sodass du den Blick schnell wieder abwendest und ihn sehnsüchtig entlang der gewundenen Einkerbung des Flusslaufs wandern lässt, die eine einfache, schöne Wanderung verspricht.

Genug der Träumereien. Der Plan muss befolgt werden und so geht es nach einer kurzen Stärkung ( Müsliriegel Nr. 19) doch los in Richtung Gipfel.

Der Weg führt erst eine ganze Weile im lang gezogenen Zick Zack durch die Ausläufer und den Schutt der abgebrochenen Teile des Massivs nach oben.

Nach der letzten Wendung folgen deine Augen dem Pfad, der direkt in den Schlund des Berges zu führen scheint. Du kannst nicht ausmachen, wo in den zerklüfteten, abgetragenen Felsen ein Weiterkommen sein soll. Die Karte verrät, dass sich das bevorstehende Stück Kathedralenstufen nennt und genau dort beginnt, wo Felsen und Pfad aufeinander stoßen.

Auf gen Himmel! Auf geheimnisvolle Weise versteckt sich doch ein gewundenes Wegchen in den Furchen des roten Steines.

Du findest dich wieder von Felsen umgeben und die freie Sicht ist nur nach oben in den mit flockigen Wolken bestückten Himmel und durch einen Spalt in die Ferne auf die Felsformationen des Canyons gewährt,- es erinnert an Deckenmalereien und vom Sonnenlicht belebte Kirchenfenster. Keine Menschenhand könnte eine gotteswürdigere Kirche bauen.

Der raue Canyon schenkt dir Geborgenheit und Hochgefühl. Das Gehen wird zur Meditation, die das Denken vom Sein ablöst und du fühlst, dass du angekommen bist, angekommen in einem jener kostbaren Momente, in dem du die Gegenwart lebst.

Für mich sollte die Einheit Natur-Mensch aber in einer Herausforderung enden. Je weiter wir uns durch das unwegsame Gelände nach oben bewegten umso schwieriger wurde es. Eis und heruntergefallene Felsbrocken erschwerten den Weg und der Blick auf einen bewachsenen Schattenhang zu dessen Linken sich bedrohliche überhängende Felsen auftürmten und zu dessen Rechten sich ein Abgrund mindestens zweihundert Meter ins Tal hinabbohrte ließen mein Herz angstvoll schlagen.

Führte unser Weg wirklich über diesen lang gezogenen Hang? Wir konnten in dem Gestrüpp und den Steinbrocken keinen begehbaren Pfad entdecken. Und tatsächlich wiesen auch nur einige ausgemuldete Flächen und von umsichtigen Wanderern aufgebeugte Steintürmchen den Weg. Angst und Erschöpfung waren meine unermüdlichen Gegner, aber auf wundersame Weise entwickelte mein Geist und Körper in dieser Extremsituation bisher ungekannte Stärke.

Erbarmungslos wurden diese aber bis ans Äußerste getrieben, denn mit jedem Meter, den wir oberhalb der Schneegrenze zurücklegten, wurde die weiße Decke dichter und höher, bis wir schließlich kniehoch darin versanken.

Die Schönheit des Canyons verschwand vor meinen starr auf den Boden gerichteten Augen und erst als der Schnee von einem Schatten überworfen wurde, blickte ich wieder auf und sah wie sich eine schwarze Wolkenwand vom andern Ufer des Colorado hin zu unserem Seitental schob.

Die Wolken, die die Felsen in bläuliches Licht tauchten, boten mir ein schaurig-schönes Bild. Doch der Gedanke daran, dass wir von nun an nicht nur gegen den Berg sondern auch gegen die Zeit zu kämpfen hatten, schreckte mich aus meiner Betrachtung, löste mich von der dunklen Anziehungskraft die die nahende Bedrohung auf mich auswirkte.

Von jetzt an diktierten die Umstände und nicht mehr die Motivation unsere Geschwindigkeit.

Rastlos, Schritt für Schritt, versuchten wir das Wettrennen gegen den Wind zu gewinnen.

Wortlos nahmen wir die ersten sanften Flocken als Vorboten unserer Niederlage hin, doch der

Sieg war nicht mehr bedeutend, wichtig war nur noch das Erreichen der Ziellinie.

Ein Wegweiser! Leben schien zurück in unserer erschöpften Körper zu kommen und wir beschleunigten den Schritt um ihn lesen zu können. Hermit’s Rest, endlich sahen wir wieder Fußspuren. Eine letzte Hügelkuppe. Euphorie beschwingte uns während der letzten paar Minuten.

„Wartet auf uns, wartet auf uns!“, schrieen wir in der Hoffnung Touristen an dem Aussichtspunkt anzutreffen, die uns ins 12 Kilometer entfernte Grand Canyon Village mitnehmen könnten.

Und tatsächlich, eine Rangerin und zwei Herren, die Verursacher der kraftspendenden Fußabdrücke bildeten unser Empfangskomitee.

Stolz und Erleichterung und die anerkennenden Gesichter, die uns begrüßten, ließen den Moment auf der kleinen Kuppe im eisigen Schneegestöber zu einem der glücklichsten meines bisherigen Lebens werden. Für immer hat sich der letzte Ausblick auf den in Schnee gehüllten Großen Canyon in meine Erinnerung gebrannt.

„Ich habe deine Prüfung bestanden Meister“ flüsterte ich dem Canyon zu bevor ich mich lächelnd abwandte.

Grand Canyon (Arizona, USA)

•Mai 7, 2008 • 1 Kommentar

When find yourself down in the Canyon where the Tontotrail forks, your eyes searching in the frayed rocks for the way up, you start wishing you could choose the other option. Choose the trail which leads you through the barren valley right above the Colorado River, the trail which you could follow leisurely for another while.

But the gaze up speaks for itself. The naked rocks tower above you and you have the impression of drowning in their mighty shadows.

The rays of the morning sun which is still hidden behind the cliffs is glaring so that you turn your head away immediately, looking now wistfully along the jagged tear of the stream, where you could keep wandering at a carefree pace, enjoying an easy but picturesque hike.

Enough of dreams! The plan has to be kept and after a short break (energy bar no11) you start the climb towards the top of the Canyon.

First the way leads you upwards quite a while in a lengthy Zigzag over the gradual rise filled with debris of dismantled chunks.

After the last turn your eyes follow the path which seems to lead directly into the face of the mountain. You can’t distinguish where you are supposed to continue in the fissured, weather-beaten rocks. A look at the map reveals that the upcoming part is named Cathedral Stairs and begins right where the cliffs and the trail meet.

Up to the sky! In some mysterious way there is a winding path hidden in the furrows of the vermilion stone.

You find yourself surrounded by mighty cliffs and you can only catch glimpses of the cloud-spotted sky above and, through narrow fissures in the rocks, of the canyon formations. It reminds you of frescos and stained glass windows, animated by the rays of the sun. No human could build God a more worthy church. The rough Canyon gives you security and a sense of delight. Walking transforms into meditating, being detaches from thinking. You feel that you’ve arrived in one of those precious moments where you live only the present.

But for me the union of human being and nature was going to end in a confrontation. The further we advanced in the fierce territory the more challenging it got. Ice and broken off Rocks impeded our way. After reaching a small crest we found ourselves gazing over an overgrown, skinny bit of a slope overshadowed by overhanging cliffs on the left and cut off by a sheer precipice dropping down at least 200 meters on the right. My heart started beating fearfully.

Was our way really going to lead us over this narrow piece of land? We couldn’t discover a trail in the jungle of brush and rocks. And actually it was only just a few indentations and cairns, set up by cautious hikers, which pointed the direction. Fear and exhaustion were my untiring opponents but my body and mind developed a sudden, inexplicable strength hitherto unknown. Merciless this strength was going to be pushed to its limit. With each meter which we covered above the snow line the white coat got denser and higher until it reached our knees.

The beauty of the canyon disappeared from my eyes, focussed on the ground.

I didn’t look up until the snow was darkened by a threatening shadow; then I could see a huge cloud front coming closer from the other side of the Colorado River.

The clouds bathed the rocks in a blue shimmering light giving the scene a frightening beauty.

Realizing that from now on not only would we have to fight against the mountain but also against time, I tore myself loose from the dark attraction of the approaching danger. From now on it was the circumstances and no longer the motivation which dictated our pace. Unresting, step by step we tried to win the race against the wind. Silently we accepted the first soft snow flakes a herald of our defeat. But winning was no longer important, only reaching the finish line.

A sign! Life came back into our exhausted bodies and we accelerated our pace to read it:“Hermits Rest” . On top of this we finally discovered footprints in the white powder which were not ours. One last knoll. Exhilaration fuelled us during the last few minutes.

“Wait for us, wait for us” we yelled, hoping to find people at the scenic overlook who could take us back to the Grand Canyon Village 12 km away.

A ranger and two older men, the originators of the encouraging foot prints formed our welcome committee.

Pride, relief and admiring faces transformed that moment on the small snow-beaten crest into one of the happiest of my life. That last gaze over the Grand Canyon, wrapped in white has burned itself in my memory forever.

I whispered to the Canyon :“I passed your test. Thank you”. Then I turned around. Smiling.