Grand Canyon (Arizona USA)
Cuando te encuentras abajo del cañón, en la horacadura del “Tontotrail“, mirando las escarpadas rocas que se trepan por más de un kilómetro sobre tu cabeza, nace el deseo en ti de elegir el otro camino. Este último te llevaría varios kilómetros por la vasta llanura que se extiende sobre la corriente salvaje del Río Colorado, la cuál ha formado, a través de miles y miles de años, el impresionante paisaje que te rodea. Te gustaría seguir a paso tranquilo la senda que te promete una caminata apacible y pintoresca.
Sin embargo, lo que esta encima de ti habla por sí mismo. Las rocas lisas se incrustan en el cielo frente a ti y pareces hundirte en sus sombras gigantes. Detrás de ellas sale el sol agudo de la mañana deslumbrándote y obligándote de apartar tu vista enseguida.
Con profunda nostalgia miras el canal que fue dejando el cauce del río desde tiempos inmemoriales. Basta con la ensoñación. Hay que seguir el plan y después de un breve descanso empiezas la subida hacia la cumbre.
Primero, el camino va en ondulaciones largas sobre desprendimientos y escombros de las despedazadas piezas del macizo. Después de la ultima curva, buscas con los ojos el camino que parece guiarte directamente a la garganta de la montaña. No hay posiblidad de vislumbrar por donde tienes que seguir en los acantilados desgastados y segmentados. El mapa revela que la parte inminente se llama “Cathedral Stairs“ y empieza exactamente donde el camino y las rocas se encuentran.
Vamos hacia el cielo ! De modo misterioso se esconde una senda serpenteante en las ranuras de la pared bermellón.
Te encuentras sitiado por las rocas.La vista solo puede liberarse hacia el cielo y a través de una fisura en una de las formaciones del Canyon. Pinturas en el techo y vitrós animados por los rayos de sol : ninguna mano humana podría construir una iglesia más digna de Dios. El andar se transforma en meditación, el ser se abstrae del pensar. Has llegado a uno de los momentos más valiosos en que vives el presente.
Para mí la union de la naturaleza y la humanidad iba a terminar en un desafio. Cuanto más avanzaba en el terreno escarpado más dificil se tornaba. Hielo y pedazos de rocas caídos me dificultaron la subida. Mirando hacia la derecha descubrí una pendiente sobria con un precipicio que se clavaba al menos 200 metros en el valle y a la izquierda había paredes amenazantes, a punto de desplomarse. Mi corazón empezó a batir angustiado.
Nuestro camino iba guiarnos sobre esta pendiente estrecha? No había manera de descubrir un camino en la selva de arbustos y piedras. Solo pequeñas torres rocosas, amontonadas por hombres precavidos, indicaron la direccíon.
Agotamiento y miedo eran mis incansables oponentes, pero en forma sorprendente mi cuerpo y mi mente desarrollaron una fuerza hasta entonces desconocida. Esa fuerza fue llevada sin piedad al límite. Con cada metro que recorrí desde la frontera de nieve el manto blanco se volvía más profundo hasta que hundí mis rodillas en el.
La belleza del Canón desaparecía de mi vista, los ojos permanecían fijos en el suelo hasta que una sombra cubrió la nieve y levanté mi mirada. Fue entonces cuando ví un frente de nubes negras acercandose desde la otra orilla del Rio Colorado.
Los nubes colorearon las rocas con una luz azul y se me presentó una imagen sublime y atemorizante al mismo tiempo.
Pensando que desde ahora no solo tenía que luchar contra la montaña, si no también contra el tiempo, me escapé de la atracción oscura del peligro inminente. A partir de este momento eran las circuncustancias, ya no mas la motivación, lo que determinaba nuestra velocidad, paso por paso tratábamos de ganar la carrera contra el viento.
Sin palabras acepté los primeros copos de nieve como precursores de mi derrota. Pero la victoria ya no importaba más, solo alcanzar la linea de meta.
Una señal! Volvía un poco de vida a nustros cuerpos exhaustos y aceleramos el paso para leer el cartel. “Hermits rest“.Por fin vimos pisadas que no eran nuestras. Solo faltaba una última colina. La euforia nos animaba en los minutos finales.
“Esperen, esperen“ gritamos con la esperanza de encontrar turistas en el mirador que nos pudieran llevar al “Grand Canyon Village“ a 12 kilometros de distancia. Nos alegramos de descubrir que una guardia y dos señores, los causantes de las pisadas alentadoras, formaron nuestro comité de bienvenida.
Orgullo, alivio y caras de admiración transformaron ese momento en medio de la tormenta de nieve en uno de los mas felices de mi vida.
La panorámica del Grand Canyon envuelto en una manta de nieve se grabó para siempre en mi memoria.
Antes de irme eché un último vistazo al Canyon susurrándole : “Aprobé tu lección maestro, gracias” y me di vuelta sonriendo.

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